El papel de los medios comunitarios en tiempos de post-verdad

AMARC Europa invitó Damian Loreti (Consejo Internacional de AMARC) para reflexionar sobre este año de Prensa UNESCO Libertad Día tema: “Medios para la Democracia: Periodismo y Elecciones en tiempos de desinformación”

En 2016 el Diccionario Oxford eligió el término “post-verdad” como la palabra del año, en un contexto en el que la circulación incesante de información mediada por las redes sociales en la actualidad nos ha puesto frente a la necesidad de discernir entre información exacta, inexacta , (noticia falsa) verdadera o falsa.

In many cases we talk about specially developed information (or content) aimed at carefully developed user profiles, based on the non-consensual use of personal data (interests, friends, schedules, cultural consumption, etc.). These are forms of communication assisted by filters based on algorithms or artificial intelligence that process huge volumes of data and can self-perfect their performances (machine learning), initially to publicize products. Digital platforms, initially unaware of the information/opinion/entertainment relationship, have begun to worry and put in place measures to mitigate what they will consider as manipulation. For this they decided to appeal in some cases to third instances of verification. Although it is not the central motive of this collaboration, it would also be necessary to meditate on who verifies the verifiers because the complaints of those contracted by these companies are already public due to pressures of a different nature.

Damian Loreti recibió un doctorado en Ciencias de la Información de la Universidad. Complutense de Madrid y es abogado y profesor con el foco en la libertad de información en el Departamento de la Universidad de Buenos Aires Comunicación.

La incidencia de noticias falsas o no del todo cierto, se supone, había afectado el resultado de procesos políticos cardinales de la realidad del mundo como la elección de Donald Trump a la presidencia de los EE.UU., el referéndum para la salida de Gran Bretaña de la europea Unión (Brexit) o ​​el plebiscito para el acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las FARC y las elecciones presidenciales en Brasil. Sin embargo, no todo es lo mismo.

When we speak of post-truth, according to Oxford, we refer to “circumstances in which objective facts have less influence on the formation of public opinion than appeals to emotion and personal belief”. That is, the reinforcement of a certain ideological perspective through emotional elements or rather a kind of “to each one what each one wants to hear”. In some cases, with inaccuracies, credibility, exaggerations or, in other cases, with smooth and plain fallacies. It would be, in some way, the non-relation between a proposition that is presented as legitimate and the facts to which it refers.

On the other hand, the fake news appear as news, stories, images or any type of falsified contents with a certain intentionality. That means putting into circulation with a deliberate objective of advocacy in the public sphere. This is not entirely new. In 1898, American press tycoon William Randolph Hearst sent the cartoonist Frederic Remington, who telegraphed his boss from Havana saying: “Nothing special. All is calm. There will be no war. I would like to go back”. Hearst’s strict response was: “Provide drawings, I will provide the war”. The subsequent putting into circulation of images and information that sought to act on feelings pushed the war. Thirty years later, in a similar way, but with innocent entertainment objectives, Orson Welles staged another war. Through the antennas of the Columbia Broadcasting System, a fictional extraterrestrial invasion was broadcast in “The War of the Worlds” but narrated with the construction tools of informative verisimilitude of the moment, which motivated enormous signs of panic in the streets of New York.

La discusión en torno a la veracidad de la información, la manipulación de datos e información y la proliferación de rumores con el propósito de influir en la formación de la opinión pública, volcando los resultados electorales o generando alteraciones en los mercados se remonta, como hemos dicho, mucho más allá la aparición de las redes sociales.

Más bien, se presenta como un desafío inherente a la conformación de la esfera pública y al papel de los medios de comunicación en la construcción de estereotipos, ideas consensuadas y la estigmatización de todo disenso en las democracias contemporáneas.

This context poses new challenges for community media. Especially in countries that have become refractory to participation as the soul of democracy, to “memory, truth and justice” policies related to human rights violations or even to the events of the wars that have taken place. But the challenges to be faced are no more serious than fighting for the consolidation of the sector in times (past and present) of persecution and dictatorships and autocracies.

The closeness with our audiences puts us in a place. Being close to our audiences puts us in a privileged place to be those who – as always – have to contribute to the right to communication and, above all, to have accurate information. This concept, which has generated great debates about its implications and consequences, is not a purely legal concept that has been debated.

Las radios comunitarias no necesitan leyes o reglamentos, y menos que no necesitan Ministerios Verdad para verificar como verdadera y exacta que somos. Cuando nos persiguen la razón no se basa en decir mentiras. La razón es nuestra búsqueda constante y obstinada de la verdad. La verdad comprometida con los valores de los pueblos, los derechos humanos, la democracia y la justicia social.

El nuevo contexto nos obliga a ser más imaginativos en términos de alianzas y la incorporación de tecnologías. No cambiar principios. La creación de redes comunitarias que se enfrentan los monopolios de infraestructura son un ejemplo entre muchos.

Nuestra razón de ser - dijimos en los “14 Principios” - es promover el desarrollo social, los derechos humanos, la diversidad cultural y lingüística y la pluralidad de informaciones y opiniones, los valores democráticos y la satisfacción de la comunicación social y la convivencia pacífica. cómo garantizar el acceso y la participación de todas las razas, etnias, géneros, orientaciones sexuales y religiosos.

Las experiencias enseñan que los propietarios de las plataformas no suelen creen en esto y que también censor. Pero las censuras caen sobre los más vulnerables. Por eso es el momento de ratificar nuestras creencias y principios. Por cualquier medio.